La odio.
Se que es irracional, e injusto y un monton mas de adjetivos que empiezan por 'i', pero la odio.
Ni siquiera puedo ponerle un rostro, al menos no uno que le pertenezca, pero la imagino de mil y una maneras.
A veces es rubia, otras es pelirroja, pelo rizado, liso, largo, corto, ojos marrones, azules, verdes, color miel...
Tiene mil tonos de piel, cientos de expresiones bonitas, es preciosa, perfecta, simétrica, sin ninguna imperfección.
Además la imagino culta, inteligente, divertida, su voz es cristalina, su risa perfectamente equilibrada, siempre sabe estar (en cualquier situación), la luz siempre le da en el perfil bueno, viste muy bien y a veces creo que es un poco mas alta que yo.
La odio porque la adoras.
Y no la conozco. Al menos no en realidad, y si a las miles de versiones que he imaginado de su perfección.
Me he comparado con ella en lo poco que cuentas y en todo lo que callas cuando hablamos.
Y la odio.
La odio porque la quieres.
Y se que no puedo decir que la quieres 'tanto como me querías a mi' o incluso 'más de lo que me querias a mi', porque la quieres, simplemente.
La odio porque soy yo la que nos compara.
La odio desde el dia que dijiste 'Te encantará, seguro que os llevais bien enseguida'.
Vuelco en este odio todas mis inseguridades, y ya que la imagino tan hermosa, tan correcta, tan encantadora, aprovecho y la imagino contigo, en alguno de los momentos que nos pertenecen.
Lo siento, la odio.
Y me siento una persona horrible por odiarla, y no ayuda nada para dejar de hacerlo.
La odio, espero que lo entiendas y nos pongas frente a frente cuanto antes.
Para Joel
domingo, octubre 29, 2006
sábado, octubre 28, 2006
Bloqueos
Le pasaba siempre.
Desde que dejaron de salir juntos pero decidieron ser amigos, se bloqueaba cada vez que le veía.
Al principio se decia que era lo normal, era embarazoso encontrarse por ahí, ahora ya con sus vidas separadas, y comentar con él como le iban las cosas.
No había perdido el habla jamás, ni la capacidad de salir airosa de cualquier tema de conversación. Nunca se había encontrado midiendo las palabras, para no decir nada que duela o que pueda ser malinterpretado.
Repasaba las conversaciones mentalmente, después, en la oscuridad de su cuarto, de camino a algun sitio, con la mente lejos, analizando cada palabra, cada gesto cada mirada...
Pero todos sabemos que no es normal que se bloquee, no es normal que se ruborice, que se le encoja el estomago cuando escucha su voz, que se hunda en la silla cuando coinciden en la misma terraza, a ver si así pasa desapercibida.
Ella se miente, siendo consciente de que es una falacia lo que se cuenta a si misma, se dice que es normal, que hace mucho que no son los de antes, que hace mucho que no comparten su dia a dia.
Recuerda la última vez que se lo encontró por casualidad. Era inconfundible verlo llegar y todo se detuvo, no recuerda mas que la imagen de verle aproximarse.
Le duele al respirar, al recordar, igual que le dolía aquel día.
Se le hacía un nudo en la boca del estómago, una mezcla de nervios, miedo y alegría.
-Hola
-Hola, ¿cómo estas?...
Sonido de alas de fondo: 'Una flor en el desierto' - Jesús Garriga
Desde que dejaron de salir juntos pero decidieron ser amigos, se bloqueaba cada vez que le veía.
Al principio se decia que era lo normal, era embarazoso encontrarse por ahí, ahora ya con sus vidas separadas, y comentar con él como le iban las cosas.
No había perdido el habla jamás, ni la capacidad de salir airosa de cualquier tema de conversación. Nunca se había encontrado midiendo las palabras, para no decir nada que duela o que pueda ser malinterpretado.
Repasaba las conversaciones mentalmente, después, en la oscuridad de su cuarto, de camino a algun sitio, con la mente lejos, analizando cada palabra, cada gesto cada mirada...
Pero todos sabemos que no es normal que se bloquee, no es normal que se ruborice, que se le encoja el estomago cuando escucha su voz, que se hunda en la silla cuando coinciden en la misma terraza, a ver si así pasa desapercibida.
Ella se miente, siendo consciente de que es una falacia lo que se cuenta a si misma, se dice que es normal, que hace mucho que no son los de antes, que hace mucho que no comparten su dia a dia.
Recuerda la última vez que se lo encontró por casualidad. Era inconfundible verlo llegar y todo se detuvo, no recuerda mas que la imagen de verle aproximarse.
Le duele al respirar, al recordar, igual que le dolía aquel día.
Se le hacía un nudo en la boca del estómago, una mezcla de nervios, miedo y alegría.
-Hola
-Hola, ¿cómo estas?...
Sonido de alas de fondo: 'Una flor en el desierto' - Jesús Garriga
lunes, octubre 23, 2006
Adivino
Me doy miedo cuando te adivino, dice.
Y yo me echo a llorar sin apenas darme cuenta.
Me pican los ojos y empiezo a ver borroso sin entender muy bien el motivo del llanto y sin poder dejar de hacerlo.
Es una especie de lamento largo y tranquilo, que viene desde las entrañas.
Nos conociamos. Nos conocemos demasiado bien.
Nos adivinamos el pensamiento y todas aquellas palabras que no decimos, incluso las que no escribimos.
Sabe que le miento mientras le prometo que no voy a llorar mas, pero no lo puede comprobar porque ya no está aquí. Sabe que le miento y se deja mentir, como quien se deja ganar a un juego estúpido.
Me recuerda que somos invencibles, y que pasamos juntos las horas en las que dejamos de serlo, esas horas en las que las lágrimas salen por las junturas de nuestras armaduras. No podemos pasar juntos esas horas, ya no está a mi lado, pero aun así sabemos que en cierto modo estamos presentes en las horas bajas del otro.
Armaduras, es curioso.
Ambos vamos protegidos, sin un sólo resquicio de debilidad, pero nos reimos mutuamente de la armadura del otro.
La gente nos ve y piensa que somos de piedra, pero sabemos desmontarnos sólo con una mirada.
El ya no está.
También sabe que cumplo las promesas que le hice.
Deja que él te cuide, prométemelo, dijo.
Y lloré, desde dentro, todo lo que tenía que llorar. Se hizo a un lado, lanzó una última mirada y ahora escribe desde lejos.
Tiene clase, mas de la que quiere admitir.
Igual que tampoco admitirá que lo sabía desde hacía tiempo, porque me adivina, y le da miedo.
Y yo me echo a llorar sin apenas darme cuenta.
Me pican los ojos y empiezo a ver borroso sin entender muy bien el motivo del llanto y sin poder dejar de hacerlo.
Es una especie de lamento largo y tranquilo, que viene desde las entrañas.
Nos conociamos. Nos conocemos demasiado bien.
Nos adivinamos el pensamiento y todas aquellas palabras que no decimos, incluso las que no escribimos.
Sabe que le miento mientras le prometo que no voy a llorar mas, pero no lo puede comprobar porque ya no está aquí. Sabe que le miento y se deja mentir, como quien se deja ganar a un juego estúpido.
Me recuerda que somos invencibles, y que pasamos juntos las horas en las que dejamos de serlo, esas horas en las que las lágrimas salen por las junturas de nuestras armaduras. No podemos pasar juntos esas horas, ya no está a mi lado, pero aun así sabemos que en cierto modo estamos presentes en las horas bajas del otro.
Armaduras, es curioso.
Ambos vamos protegidos, sin un sólo resquicio de debilidad, pero nos reimos mutuamente de la armadura del otro.
La gente nos ve y piensa que somos de piedra, pero sabemos desmontarnos sólo con una mirada.
El ya no está.
También sabe que cumplo las promesas que le hice.
Deja que él te cuide, prométemelo, dijo.
Y lloré, desde dentro, todo lo que tenía que llorar. Se hizo a un lado, lanzó una última mirada y ahora escribe desde lejos.
Tiene clase, mas de la que quiere admitir.
Igual que tampoco admitirá que lo sabía desde hacía tiempo, porque me adivina, y le da miedo.
sábado, octubre 21, 2006
Relato
Solíamos reunirnos cada vez que estabamos todos en la ciudad.
Realmente nunca llegamos a coincidir al completo y de vez en cuando traíamos invitados, amigos que se unian a nuestras reuniones.
Recuerdo que era agosto y hacía calor.
El punto de encuentro era, como siempre, la parada de metro de Alonso Martinez.
Llegados a este punto he de confesar que siempre me supuso un problema quedar allí, porque jamás logré acertar con la salida correcta, sin contar con que realmente no sabía cual era la salida correcta.
Alonso, una parada de metro que tiene 3 o 4 salidas a la calle, si a eso le sumamos mi despiste y mi nula capacidad de orientación, siempre llegaba 5 minutos tarde para encontrarlos seguro.
Aquel día iba acompañada, llegamos pronto, así que tras ponerme roja y mirar mis zapatos confesé mi pequeño 'problema' con el punto de encuentro y salimos a esperar que los demás nos encontrasen.
Una sonrisa enorme y un abrazo astronómico anunciaron la llegada de Shiqui, y minutos despues la inconfundible camiseta de Argentina nos trajo a Valo.
Teníamos en mente tres temas importantes. Esta vez, como primicia y sin que sirviese de precedente, ibamos a recoger a Belén al trabajo.
Hicimos demasiadas bromas aquella noche, incluso a lo largo de los dias previos. Que no trabajaba, que nos estaba mintiendo, que quién en su sano juicio le iba a dar a ella un trabajo...
Pero allí estaba, trabajando en una libreria, la niña eterna recomendando una de nuestras pasiones comunes. Recuerdo haberla envidiado, la flaca tiene mi trabajo soñado, pero envidia sana, eso si.
Cuando salió pasamos a cubrir el segundo punto importante de la noche ¿cerveza o cerveza? Y por votación unánime decidimos regar la velada con cerveza, y algo de comer ante la insistencia desesperada de mis tripas.
Ahora si que era inevitable asaltar el tema estrella de la noche. Valo había avisado de que traía una noticia, tenía 'algo' que contarnos.
Camino de la cervecería empezó la discusión bajo su mirada supervisora, sonreía, y asentía sin responder a nuestras preguntas avasalladoras.
Belén, Shiqui y yo en pleno bombardeo interrogatorio.
¿Tienes novia?,¿Te casas?,¿Has encontrado trabajo? (ahí he de admitir que estallaron las carcajadas de las tres), ¿Te vas de viaje?, ¿Te mudas?... y una lista enorme de preguntas comentadas a gritos y con carcajadas bajo la mirada reprobadora de la mayoría de transeúntes con los que nos cruzabamos.
'Belen acertó el otro dia' dice de pronto Valo, con esa cara de seriedad forzada que pone a veces, cuando sabe que su comentario es poco mas que una ofensa 'claro!, dije por lo menos 3000 cosas!!!' exclama ella ofendidisima, y cambia su expresión ofendida por una de concentración extrema, y vuelve a empezar con la retahíla de opciones anteriores...
Entre empujones, mas gritos, sobornos para que nos lo contase y muchas risas llegamos por fin a una cervecería que mas o menos nos gustó y tras brindar nos quedamos expectantes mirandolo.
'No es nada importante... realmente os habeis creado demasiadas expectativas... seguro que os decepciono...' decía Valo.
Casi lo matamos. 'Cuentalo!!!!!!!' gritamos desesperadas las tres.
'Me han publicado un cuento' soltó a bocajarro.
Y se hizo el silencio durante dos o tres segundos, el tiempo justo para cambiar de nuestra cara de sorpresa a la sonrisa mas grande que he podido ver jamás. Y gritos, abrazos, felicitaciones...
El Planeta, la fama, las conferencias literarias, la inclusión de su foto en los libros de literatura, el día que ocupó su letra en la RAE... eso son ya otras historias.
Realmente nunca llegamos a coincidir al completo y de vez en cuando traíamos invitados, amigos que se unian a nuestras reuniones.
Recuerdo que era agosto y hacía calor.
El punto de encuentro era, como siempre, la parada de metro de Alonso Martinez.
Llegados a este punto he de confesar que siempre me supuso un problema quedar allí, porque jamás logré acertar con la salida correcta, sin contar con que realmente no sabía cual era la salida correcta.
Alonso, una parada de metro que tiene 3 o 4 salidas a la calle, si a eso le sumamos mi despiste y mi nula capacidad de orientación, siempre llegaba 5 minutos tarde para encontrarlos seguro.
Aquel día iba acompañada, llegamos pronto, así que tras ponerme roja y mirar mis zapatos confesé mi pequeño 'problema' con el punto de encuentro y salimos a esperar que los demás nos encontrasen.
Una sonrisa enorme y un abrazo astronómico anunciaron la llegada de Shiqui, y minutos despues la inconfundible camiseta de Argentina nos trajo a Valo.
Teníamos en mente tres temas importantes. Esta vez, como primicia y sin que sirviese de precedente, ibamos a recoger a Belén al trabajo.
Hicimos demasiadas bromas aquella noche, incluso a lo largo de los dias previos. Que no trabajaba, que nos estaba mintiendo, que quién en su sano juicio le iba a dar a ella un trabajo...
Pero allí estaba, trabajando en una libreria, la niña eterna recomendando una de nuestras pasiones comunes. Recuerdo haberla envidiado, la flaca tiene mi trabajo soñado, pero envidia sana, eso si.
Cuando salió pasamos a cubrir el segundo punto importante de la noche ¿cerveza o cerveza? Y por votación unánime decidimos regar la velada con cerveza, y algo de comer ante la insistencia desesperada de mis tripas.
Ahora si que era inevitable asaltar el tema estrella de la noche. Valo había avisado de que traía una noticia, tenía 'algo' que contarnos.
Camino de la cervecería empezó la discusión bajo su mirada supervisora, sonreía, y asentía sin responder a nuestras preguntas avasalladoras.
Belén, Shiqui y yo en pleno bombardeo interrogatorio.
¿Tienes novia?,¿Te casas?,¿Has encontrado trabajo? (ahí he de admitir que estallaron las carcajadas de las tres), ¿Te vas de viaje?, ¿Te mudas?... y una lista enorme de preguntas comentadas a gritos y con carcajadas bajo la mirada reprobadora de la mayoría de transeúntes con los que nos cruzabamos.
'Belen acertó el otro dia' dice de pronto Valo, con esa cara de seriedad forzada que pone a veces, cuando sabe que su comentario es poco mas que una ofensa 'claro!, dije por lo menos 3000 cosas!!!' exclama ella ofendidisima, y cambia su expresión ofendida por una de concentración extrema, y vuelve a empezar con la retahíla de opciones anteriores...
Entre empujones, mas gritos, sobornos para que nos lo contase y muchas risas llegamos por fin a una cervecería que mas o menos nos gustó y tras brindar nos quedamos expectantes mirandolo.
'No es nada importante... realmente os habeis creado demasiadas expectativas... seguro que os decepciono...' decía Valo.
Casi lo matamos. 'Cuentalo!!!!!!!' gritamos desesperadas las tres.
'Me han publicado un cuento' soltó a bocajarro.
Y se hizo el silencio durante dos o tres segundos, el tiempo justo para cambiar de nuestra cara de sorpresa a la sonrisa mas grande que he podido ver jamás. Y gritos, abrazos, felicitaciones...
El Planeta, la fama, las conferencias literarias, la inclusión de su foto en los libros de literatura, el día que ocupó su letra en la RAE... eso son ya otras historias.
miércoles, octubre 11, 2006
Lo siento
Perdimos los papeles y entre los restos del naufragio ha empezado a no quedarnos nada.
Todas las palabras que ya no pronunciamos por no tener nada que decirnos.
Ya no se cual de las dos abandonó la tolerancia por esta especie de podredumbre que ahora nos invade.
Busqué un modo de disculparme y choqué contra un muro de indiferencia.
Quizá para nosotras ya no hay vuelta atrás.
Todas las palabras que ya no pronunciamos por no tener nada que decirnos.
Ya no se cual de las dos abandonó la tolerancia por esta especie de podredumbre que ahora nos invade.
Busqué un modo de disculparme y choqué contra un muro de indiferencia.
Quizá para nosotras ya no hay vuelta atrás.
martes, octubre 10, 2006
Se querían
Se querían.
En todas las historias suelen quererse. O al menos esa es la mentira más comun que da pie a la literatura.
Se querían, o al menos estaban acostumbrados el uno al otro.
El aprendió a no quejarse cuando los pies de ella buscaban un hueco para entrar en calor, entre el sofá y su trasero.
Ella ya apenas lo empujaba cuando él se ponía a roncar en medio de su serie favorita, esa que veían porque era a él al que le encantaba.
Los viernes cenaban pizza, y él odiaba la costumbre de ella de desayunarla fria los sabados, casi a la hora de comer, cuando correteaba descalza por la casa, con esa hiperactividad que nunca había entendido cómo podia invadirla por las mañanas.
Los lunes por la mañana nunca le dejaba café. Salía de la ducha antes que ella y terminaba la última taza, apurando los minutos antes de salir juntos de casa, mas debido al horario que al deseo mutuo de despedirse con un beso al cruzar el portal.
Era su pequeña venganza porque siempre acababa rellenando ella sola el crucigrama del periódico de los domingos, como en una competición contra si misma. Si la inteligencia de ella lo dejaba sin crucigrama, que desayunase en el bar de al lado de la oficina.
Con lo sencillo que hubiese sido para ambos hacer una cafetera el domingo por la noche, o incluso el lunes antes de la ducha. También podrían haber comprado 2 periódicos dominicales, con la excusa de dos puntos de vista ante el mismo horror que venía impreso.
Podrían haber dejado de pedir pizza, alquilar películas en dvd, desayunar zumo, poner en común las desavenencias...
Prefirieron estamparse mutuamente y uno a uno todos los platos de la vajilla de colores que habian elegido, cogidos de la mano, en aquella tienda de diseño del centro.
Meter las pertenencias del otro en una bolsa grande, alegando falta de espacio, todo tuyo, nada mío, y regalarte todos los bienes comunes es una muestra de generosidad que maquilla la incapacidad de mirar nada que me recuerde que aun sigues con vida.
Podían haber sido adultos y civilizados, y hasta este punto diremos que decían que se querían.
Y es que simplemente se querían.
Por eso él desayunó pizza fria el primer sábado que despertó sin ella a su lado.
Por eso ella sigue desayunando en el bar de al lado de la oficina, aunque sabe que nunca bebe la última taza de café.
Por eso él ya no lee el periódico los domingos, y sabe que aunque lo hiciese, nunca podría rellenar el crucigrama solo.
Por eso ella llora ahora delante del último capítulo de la última temporada de aquella serie que no recuerda si llegó a gustarle.
Por eso él nunca le devolvió la llamada a ninguna de esas mujeres que se sientan tranquilamente en el sofá sin ocupar su espacio, sin recordarle con sus pies frios que están ahi.
Se querían, se querían tanto que lo que mas añoran son los defectos que antes les sacaban de quicio.
Se querían.
Por eso ambos tienen ahora sendas vajillas de colores que compraron, yendo solos, en aquella tienda de diseño del centro.
En todas las historias suelen quererse. O al menos esa es la mentira más comun que da pie a la literatura.
Se querían, o al menos estaban acostumbrados el uno al otro.
El aprendió a no quejarse cuando los pies de ella buscaban un hueco para entrar en calor, entre el sofá y su trasero.
Ella ya apenas lo empujaba cuando él se ponía a roncar en medio de su serie favorita, esa que veían porque era a él al que le encantaba.
Los viernes cenaban pizza, y él odiaba la costumbre de ella de desayunarla fria los sabados, casi a la hora de comer, cuando correteaba descalza por la casa, con esa hiperactividad que nunca había entendido cómo podia invadirla por las mañanas.
Los lunes por la mañana nunca le dejaba café. Salía de la ducha antes que ella y terminaba la última taza, apurando los minutos antes de salir juntos de casa, mas debido al horario que al deseo mutuo de despedirse con un beso al cruzar el portal.
Era su pequeña venganza porque siempre acababa rellenando ella sola el crucigrama del periódico de los domingos, como en una competición contra si misma. Si la inteligencia de ella lo dejaba sin crucigrama, que desayunase en el bar de al lado de la oficina.
Con lo sencillo que hubiese sido para ambos hacer una cafetera el domingo por la noche, o incluso el lunes antes de la ducha. También podrían haber comprado 2 periódicos dominicales, con la excusa de dos puntos de vista ante el mismo horror que venía impreso.
Podrían haber dejado de pedir pizza, alquilar películas en dvd, desayunar zumo, poner en común las desavenencias...
Prefirieron estamparse mutuamente y uno a uno todos los platos de la vajilla de colores que habian elegido, cogidos de la mano, en aquella tienda de diseño del centro.
Meter las pertenencias del otro en una bolsa grande, alegando falta de espacio, todo tuyo, nada mío, y regalarte todos los bienes comunes es una muestra de generosidad que maquilla la incapacidad de mirar nada que me recuerde que aun sigues con vida.
Podían haber sido adultos y civilizados, y hasta este punto diremos que decían que se querían.
Y es que simplemente se querían.
Por eso él desayunó pizza fria el primer sábado que despertó sin ella a su lado.
Por eso ella sigue desayunando en el bar de al lado de la oficina, aunque sabe que nunca bebe la última taza de café.
Por eso él ya no lee el periódico los domingos, y sabe que aunque lo hiciese, nunca podría rellenar el crucigrama solo.
Por eso ella llora ahora delante del último capítulo de la última temporada de aquella serie que no recuerda si llegó a gustarle.
Por eso él nunca le devolvió la llamada a ninguna de esas mujeres que se sientan tranquilamente en el sofá sin ocupar su espacio, sin recordarle con sus pies frios que están ahi.
Se querían, se querían tanto que lo que mas añoran son los defectos que antes les sacaban de quicio.
Se querían.
Por eso ambos tienen ahora sendas vajillas de colores que compraron, yendo solos, en aquella tienda de diseño del centro.
viernes, octubre 06, 2006
Bodas de plata
martes, octubre 03, 2006
FM 2007
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