jueves, febrero 24, 2005
Dumas
Era pequeñito, blanco y suave. Tenia los ojos azules ribeteados en negro y las orejas también negras.
Esta mañana no se podia mover.
Por primera vez en 5 años no ha respondido a mi saludo corriendo por la jaula, pidiendo el desayuno.
No se podia mover, y aunque nervioso, no ha saltado cuando lo he sacado de la jaula y lo he llevado al veterinario entre mis brazos.
No se podia mover mientras lo exploraban en esa habitación amarilla en la que nos hemos despedido.
Y se que me veía llorar, y se que sabe que los 5 años que ha vivido conmigo los recordaré siempre.
Se me ha roto algo dentro cuando he escuchado a la doctora decir
'Tumor, son sintomas neurologicos, lo mejor será sacrificarlo'
Como si me estuviesen apuntando a mi directamente, no he sido capaz de tomar la decisión mas importante de nuestros 5 años de compañía.
Sintiendo la mirada triste de Miguel y los esfuerzos de mi madre por no llorar como yo, le he dado un beso y he salido de la habitación sabiendo que nunca lo volvería a ver, y repitiendo sin parar 'No es justo, es el mas guapo'
No me han dejado llevarmelo a casa, no me han dejado pasar la noche velandolo, no me han dejado verlo sufrir mas.
Y ahora no puedo entrar en la cocina sin llorar como una niña.
Todo sigue en su sitio, pero Dumas ya no está, y no se cuando voy a poder quitar su jaula.
22-11-1999 / 23-02-2005
jueves, febrero 17, 2005
De Libros y Bibliotecas
Hoy, revisando mi correo, compruebo que ha llegado la edición virtual de 'El guerrero de la luz', bajo ese título, desde la web del escritor Paulo Coelho se envian, a aquellos que estén suscritos, pequeños cuentos y pensamientos del autor.
Coincidiendo con mis estudios (biblioteconomía y documentación) ha llegado hoy un texto que me llama la atención, puesto que en cierto modo contradice mi forma de pensar, pero al mismo tiempo me da una visión diferente del tema.
Una de mis pasiones declaradas son los libros, tengo cientos por no decir miles, y cada uno de ellos tiene su historia (cuando lo compré, cuando me lo regalaron, quien y porqué...), un determinado número de lecturas y relecturas, dependiendo de mi animo, o la epoca de mi vida en que me encuentre, porque cada historia me acompaña varias veces, y de cada una aprendo algo nuevo cada vez que me sumerjo en sus páginas.
Yo también he evolucionado con la tecnología, claro que conozco los .pdf, pero no es una cuestión de espacio o economía, sino simplemente el placer de abrir un libro, de vivir en la imaginación historias escritas para otros, incluso historias con las que no puedo identificarme.
Allá va el texto, cada cual que saque sus conclusiones:
"La semana pasada, hablé de mis libros subrayados. La verdad es que no tengo muchos libros: hace algunos años, tomé ciertas decisiones en mi vida, guiado por la idea de intentar tener una máxima calidad de vida con un mínimo de cosas. No quiere esto decir que haya optado por una vida monástica; más bien todo lo contrario: cuando no estamos obligados a poseer una infinidad de objetos, tenemos una libertad inmensa. Algunos de mis amigos (y amigas) se quejan de que, por culpa del exceso de ropa, pierden horas de su vida intentando decidir qué ponerse. Como yo he reducido mi guardarropa a un “negro básico”, no tengo ese problema.
Pero no estoy aquí para hablar de moda, y sí de libros. Para volver a lo esencial, decidí mantener sólo 400 libros en mi biblioteca, algunos por razones sentimentales, otros porque siempre los estoy releyendo. Tal decisión fue tomada por varios motivos, y uno de ellos es la tristeza de ver cómo bibliotecas acumuladas cuidadosamente a lo largo de una vida, son después vendidas a peso, sin ningún respeto. Otra razón: ¿por qué mantener todos estos volúmenes en casa? ¿Para mostrar a los amigos que soy culto? ¿Para adornar la pared? Los libros que he comprado serán infinitamente más útiles en una biblioteca pública que en mi casa.
Antiguamente, podría haber dicho: los necesito porque los voy a consultar. Pero hoy en día, cuando necesitamos cualquier tipo de información, enciendo el ordenador, escribo una palabra clave, y delante de mí aparece todo lo que necesito. Allí está internet, la mayor biblioteca del planeta.
Claro que sigo comprando libros, no existe medio electrónico que pueda sustituirlos. Pero en cuanto termino de leer uno, dejo que viaje, se lo doy a alguien, lo dono a una biblioteca pública. Mi intención no es salvar bosques o ser generoso: simplemente creo que un libro tiene su propio recorrido que realizar, y no podemos condenarlo a quedarse inmóvil en una estantería.
Al ser escritor y vivir de derechos de autor, puede que esté lanzando piedras contra mi propio tejado; al fin y al cabo, cuantos más libros se compren, más dinero ganaré. Sin embargo, sería injusto con el lector, sobre todo en países donde gran parte de los programas gubernamentales de compras de libros para bibliotecas se hace sin el criterio básico de una elección seria: el placer de la lectura con la calidad del texto.
Así pues, dejemos que nuestros libros viajen, que sean tocados por otras manos y disfrutados por ojos ajenos. En el momento en que escribo esta columna, me acuerdo vagamente de un poema de Jorge Luis Borges que habla de los libros que nunca volverán a ser abiertos.
¿Dónde estoy ahora? En una pequeña ciudad de los Pirineos, en Francia, sentado en un café, aprovechando el aire acondicionado ya que la temperatura afuera es insoportable. Por casualidad, tengo la colección completa de Borges en casa, a algunos kilómetros del lugar donde escribo; es un escritor que releo constantemente. ¿Por qué no hacer la prueba?
Cruzo la calle. Camino cinco minutos hasta otro café, equipado con ordenadores (un tipo de establecimiento conocido por el simpático y contradictorio nombre de cibercafé). Saludo al dueño, pido un agua mineral muy fría, abro la página de un buscador, y tecleo algunas palabras del único verso que recuerdo, junto con el nombre del autor. Menos de dos minutos después, tengo el poema completo delante de mí:
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
Hay un espejo que me ha visto por última vez,
Hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
Hay alguno que ya nunca abriré.
En verdad, tengo la impresión de que nunca habría vuelto a abrir muchos de los libros que doné: siempre se publica algo nuevo, interesante, y yo adoro la lectura. Me parece estupendo que la gente tenga bibliotecas; generalmente, el primer contacto de los niños con los libros se da a través de la curiosidad por aquellos volúmenes encuadernados, con figuras y letras. Pero también me parece estupendo cuando, en una tarde de autógrafos, me encuentro con lectores con ejemplares muy usados, que han sido prestados decenas de veces: eso quiere decir que aquel libro viajó tanto como la mente de su autor mientras lo escribía."
'De libros y bibliotecas' - Paulo Coelho
miércoles, febrero 16, 2005
Teléfonos en mitad de la noche
La casa en silencio, todos duermen.
Parece que por fin la paz se ha instalado entre estas cuatro paredes. Descanso en la actividad frenética que nos envuelve durante el día.
Ya estoy acostada, escucho la respiración pausada de mi hermana, sonido rítmicos a mi derecha, todo está en calma.
Empieza a invadirme el sopor previo al sueño, me acunan suaves ronquidos en la lejanía y desciendo poco a poco en una neblina que turba mis sentidos.
Suena el teléfono.
Su sonido, impertinente en mitad de la noche alerta todos mis sentidos, me incorporo bruscamenre mientras trato de responder a todas las preguntas que me asaltan. Es la 1.19am.
Miles de imágenes me golpean mientras recupero la consciencia plena, caras conocidas que me pregunto dónde estarán, gente que me importa, y cualquiera de ellos puede no estar bien...
Falsa alarma.
Lentamente regresan los sonidos que habitualmente me acompañan a estas horas, mi hermana vuelve a respirar rítmicamente intercalando pequeños ronquidos.
Todos duermen de nuevo.
Tengo el estómago encogido, no puedo dormir.
sábado, febrero 12, 2005
Daltónicos y disléxicas (Historias de Barra III)
Estas cosas suceden hasta en las mejores familias. Para poner a los lectores en situación exlicaré primero mi pequeño problema de dislexia, confundo derecha e izquierda. Generalmente solvento los pequeños inconvenientes diarios bien, pero otras veces me cuesta distinguirlas, lo bueno de todo esto es que no conduzco, lo malo es que suelo actuar de GPS en el coche de mis amigos cuando no saben llegar a los sitios.
Uno de mis compañeros de trabajo, Martin, es daltónico, esto es solo una muestra de algunas de nuestras conversaciones:
(Alrededor de las 4 am, se acercan dos chicas a pedir copas a la barra)
Martin - ¿Está rica la mina esa no?
Yo - ¿Cual, la del sueter verde?
Martin - ¿Que sueter verde? que se yo, soy daltónico, la de la izquierda
Yo - ¿Qué izquierda?
Martin - Tu izquierda
Yo - ¿esta?
Martin - No, tu otra izquierda...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
