Podría empezar la historia como todas. Os hablo de Ella, y después un poco de Él, porque lo conozco menos y es uno de esos personajes que ni siquiera acaban de caerme bien.
Podría incluso empezar por la mitad de la historia, que es cuando yo mas o menos empecé a enterarme.
Podría solamente decir: Él era un cretino.
Empezase como empezase, ninguna sería real, porque solo conozco la versión de Ella, pero os aseguro que he tomado partido.
Diremos que Ella jamás debería haber ido a verlo, eso lo sabemos porque Él tenía tendencia a desaparecer, apagar el móvil y encerrarse en su casa, inventar excusas para no quedar... todo ello podría considerarse, incluso, lícito, pero no vivían en la misma ciudad.
Cuando, emocionada, nos dijo que pasaría el puente yendo a verlo, todos asentimos. Tratabamos que no se nos notase la preocupación, e incluso confiabamos en que no hubiese billetes. Ella nos sorprendió con la noticia de que se iba en coche. En su defecto que un viento le hubiese arreglado la azotea a Él no habría bastado.
Pero ya era reincidente, la había plantado 2 veces.
Aun asi Ella hace su maleta y se marcha. Y aquí nos quedamos el resto, pegados al teléfono esperando que nada salga mal.
Ella llama, las noticias son cortas pero buenas, Él apareció, derrochó encanto e incluso puso el romanticismo. Ella está contenta, fue a ver que tal y todo era mejor de lo soñado.
Gran suspiro general de descanso.
Un gran poeta dijo una vez que las historias de amor mas bellas siempre acaban en tragedia. En esta no se si queda algo de amor, pero os puedo asegurar que yo la considero una tragedia.
La última noche, esa que suele ser perfecta, cuenta Ella que estando de bares con amigos, de pronto nota su ausencia.
Llamadas, y búsqueda. Si el destino es el que juega los dados, la tiene tomada con Ella...
De nuevo la desaparición es la carta del Tarot que sale en su tirada.
Él desaparece, sin explicaciones y sin respuesta.
A la tercera va la vencida.
Ella vuelve a casa y la ciudad se le cae encima.
De Él no se nada, y la verdad, ni ganas.