jueves, noviembre 30, 2006
martes, noviembre 28, 2006
lunes, noviembre 27, 2006
Esta Vez
Las gotas de lluvia resbalaban por tu pelo.
Yo simplemente te miraba por la ventana, estabas ahí parado, como esperando algo, como sabiendo que te miraba.
Siempre hacías las cosas así.
Daba lo mismo cual hubiese sido el motivo esta vez, mi cabezonería, tu continua manía de creerte en posesión de la verdad absoluta.
Todo daba igual.
Ahora estabas ahi, bajo la lluvia, mirándome fijamente y acertando con el lugar en el que me escondía tras las cortinas para mirarte.
Otras veces la escena no hubiese durado demasiado.
Hiciese frío o calor, acababa por bajar al portal, en zapatillas y a veces hasta en pijama y abrir la puerta.
No mediabas palabra, tu mera presencia era toda la disculpa que me ofrecías.
Me abrazabas como si al estar cerca de perderme, casi se hubiese acabado el mundo.
Y el ciclo volvía a empezar.
Hoy llevas cerca de media hora bajo la lluvia, la misma media hora que llevo yo llorando.
Tengo las uñas marcadas en las palmas y los nudillos blancos de hacer fuerza, luchando contra mi misma para no bajar esta vez.
Esta vez he dejado de creerte.
Yo simplemente te miraba por la ventana, estabas ahí parado, como esperando algo, como sabiendo que te miraba.
Siempre hacías las cosas así.
Daba lo mismo cual hubiese sido el motivo esta vez, mi cabezonería, tu continua manía de creerte en posesión de la verdad absoluta.
Todo daba igual.
Ahora estabas ahi, bajo la lluvia, mirándome fijamente y acertando con el lugar en el que me escondía tras las cortinas para mirarte.
Otras veces la escena no hubiese durado demasiado.
Hiciese frío o calor, acababa por bajar al portal, en zapatillas y a veces hasta en pijama y abrir la puerta.
No mediabas palabra, tu mera presencia era toda la disculpa que me ofrecías.
Me abrazabas como si al estar cerca de perderme, casi se hubiese acabado el mundo.
Y el ciclo volvía a empezar.
Hoy llevas cerca de media hora bajo la lluvia, la misma media hora que llevo yo llorando.
Tengo las uñas marcadas en las palmas y los nudillos blancos de hacer fuerza, luchando contra mi misma para no bajar esta vez.
Esta vez he dejado de creerte.
domingo, noviembre 26, 2006
A quemarropa
A quemarropa dispara, reprocha, rescata...
A quemarropa recuerda, no olvides, no perdones.
A quemarropa, sin anestesia, regresa, recorre lugares.
A quemarropa desmonta cada una de las medias verdades.
A quemarropa condena, perdona, sigue caminando.
A quemarropa deséame la muerte, escapa, miente.
A quemarropa rehuye mis palabras, discute, desaparece.
Pero hagas lo que hagas, dispara a quemarropa, directamente. No dejes que vea un sólo día los restos de nuestro naufragio.
[A quemarropa permite que te robe los versos, el asfalto y el salitre.]
A quemarropa recuerda, no olvides, no perdones.
A quemarropa, sin anestesia, regresa, recorre lugares.
A quemarropa desmonta cada una de las medias verdades.
A quemarropa condena, perdona, sigue caminando.
A quemarropa deséame la muerte, escapa, miente.
A quemarropa rehuye mis palabras, discute, desaparece.
Pero hagas lo que hagas, dispara a quemarropa, directamente. No dejes que vea un sólo día los restos de nuestro naufragio.
[A quemarropa permite que te robe los versos, el asfalto y el salitre.]
sábado, noviembre 25, 2006
miércoles, noviembre 22, 2006
23
lunes, noviembre 20, 2006
Balanza
Hoy he decidido perderme por las calles de mi ciudad, el ipod en aleatorio, y la última lista de reproducción, que seleccioné ayer antes de dormir, a todo volumen.
Iba sin rumbo fijo, con las manos en los bolsillos porque ha empezado a hacer frío y se me quedan los dedos helados enseguida.
Hoy me había acordado de coger bufanda, me encanta esconder la nariz en ella para que entre en calor.
Iba mirando escaparates, sin mucho dinero y sin una idea fija sobre lo que iba buscando, pero sabía que en algun lugar había algo que me hacía falta, sólo necesitaba tenerlo frente a frente para saber que eso es lo que creía querer.
Escaparates, ropa, zapatos, tiendas de 'todo a 100'... El Carmen tiene cientos de posibilidades, pero nada conseguía captar mi atención el tiempo suficiente.
Ya iba mirando las puntas de mis zapatos, cuando al girar una esquina me he tropezado con una tienda de antigüedades.
Es pequeña, con el letrero de madera oscura y las letras en dorado, casi oscuro por el paso del tiempo y la suciedad. Parece que nadie ha limpiado las estanterias desde hace siglos, empujo la puerta y entro, una campanilla sobre la puerta anuncia mi llegada.
De pronto me he quedado parada delante de una pequeña balanza, de esas de los años 40, con sus dos platos metálicos, una aguja que indica el peso y su caja de pesas, de diferentes tamaños y pesos, todas alineadas de mayor a menor.
Ahora la tengo justo delante de mi.
En uno de sus platos he colocado todas las pesas, y después, poco a poco he ido poniendo sobre el otro todos tus besos, el modo en que me miras cuando crees que no te veo, tus abrazos, todas las cosas que me susurras al oido cuando nadie nos ve, las veces que me quedo sin respiración cuando te tengo cerca, todas y cada una de tus sonrisas, cada momento en que estallas a reir ante mis caras de pena fingida, las veces que me riñes por acostarme tarde cuando tengo que madrugar, tu preocupación cuando no me encuentro bien, tu seriedad cuando me tomas el pelo, tu ternura cuando duermo sobre tu pecho...
¿Sabes? He olvidado que significado le habia dado a las pesas, pero inclinan tan poco la balanza...
Iba sin rumbo fijo, con las manos en los bolsillos porque ha empezado a hacer frío y se me quedan los dedos helados enseguida.
Hoy me había acordado de coger bufanda, me encanta esconder la nariz en ella para que entre en calor.
Iba mirando escaparates, sin mucho dinero y sin una idea fija sobre lo que iba buscando, pero sabía que en algun lugar había algo que me hacía falta, sólo necesitaba tenerlo frente a frente para saber que eso es lo que creía querer.
Escaparates, ropa, zapatos, tiendas de 'todo a 100'... El Carmen tiene cientos de posibilidades, pero nada conseguía captar mi atención el tiempo suficiente.
Ya iba mirando las puntas de mis zapatos, cuando al girar una esquina me he tropezado con una tienda de antigüedades.
Es pequeña, con el letrero de madera oscura y las letras en dorado, casi oscuro por el paso del tiempo y la suciedad. Parece que nadie ha limpiado las estanterias desde hace siglos, empujo la puerta y entro, una campanilla sobre la puerta anuncia mi llegada.
De pronto me he quedado parada delante de una pequeña balanza, de esas de los años 40, con sus dos platos metálicos, una aguja que indica el peso y su caja de pesas, de diferentes tamaños y pesos, todas alineadas de mayor a menor.
Ahora la tengo justo delante de mi.
En uno de sus platos he colocado todas las pesas, y después, poco a poco he ido poniendo sobre el otro todos tus besos, el modo en que me miras cuando crees que no te veo, tus abrazos, todas las cosas que me susurras al oido cuando nadie nos ve, las veces que me quedo sin respiración cuando te tengo cerca, todas y cada una de tus sonrisas, cada momento en que estallas a reir ante mis caras de pena fingida, las veces que me riñes por acostarme tarde cuando tengo que madrugar, tu preocupación cuando no me encuentro bien, tu seriedad cuando me tomas el pelo, tu ternura cuando duermo sobre tu pecho...
¿Sabes? He olvidado que significado le habia dado a las pesas, pero inclinan tan poco la balanza...
Silencio
Solo hay silencio.
Silencio.
Resuenan los restos de tu latido a mi alrededor, como acentuando el hecho de que ya no estás.
Todo en este silencio me recuerda tu marcha.
Enmudece el teléfono.
No hay nada mas en esta habitación que mi respiración, entrecortada.
Lloro en silencio.
Sólo silencio.
Han cerrado de golpe una puerta a lo lejos.
De nuevo el silencio.
Vuelvo a tumbarme, cada movimiento genera ruidos que se amplifican al caer en este vacío que me has dejado.
Silencio.
Aspiro.
Silencio.
Huelo a ti y de nuevo me cuesta respirar.
Oscuridad y silencio desde que no estás.
Silencio.
Silencio.
Resuenan los restos de tu latido a mi alrededor, como acentuando el hecho de que ya no estás.
Todo en este silencio me recuerda tu marcha.
Enmudece el teléfono.
No hay nada mas en esta habitación que mi respiración, entrecortada.
Lloro en silencio.
Sólo silencio.
Han cerrado de golpe una puerta a lo lejos.
De nuevo el silencio.
Vuelvo a tumbarme, cada movimiento genera ruidos que se amplifican al caer en este vacío que me has dejado.
Silencio.
Aspiro.
Silencio.
Huelo a ti y de nuevo me cuesta respirar.
Oscuridad y silencio desde que no estás.
Silencio.
lunes, noviembre 13, 2006
Despedidas
Se estaba despidiendo y yo odio las despedidas.
Se estaba despidiendo mientras yo hacía esfuerzos por sonreir, porque sabía que si dejaba de sonreir empezaria a llorar.
Odio las despedidas.
Pensé en pensar algo agradable para así no ponerme triste, pero se estaba despidiendo y era inevitable.
De pronto me di cuenta de que tenia los ojos mas bonitos que había visto en mucho tiempo.
Hablabamos, y yo no podía despegar mis ojos de los suyos.
Se estaba despidiendo y yo encontré la imagen que iba a venir a mi mente siempre que me acordase de él.
Alfredo, cuidate, lo has prometido.
Se estaba despidiendo mientras yo hacía esfuerzos por sonreir, porque sabía que si dejaba de sonreir empezaria a llorar.
Odio las despedidas.
Pensé en pensar algo agradable para así no ponerme triste, pero se estaba despidiendo y era inevitable.
De pronto me di cuenta de que tenia los ojos mas bonitos que había visto en mucho tiempo.
Hablabamos, y yo no podía despegar mis ojos de los suyos.
Se estaba despidiendo y yo encontré la imagen que iba a venir a mi mente siempre que me acordase de él.
Alfredo, cuidate, lo has prometido.
miércoles, noviembre 08, 2006
Lluvia
Hay días en los que no puedo dormir.
Llueve fuera y veo caer las gotas. La rama del árbol golpea un poco la ventana, pero no es ese sonido el que me impide conciliar el sueño.
Cuando me mudé supe que no iba a ser fácil. Tu respiración es pausada, aunque a ratos te mueves ocupando mi espacio.
Si pongo mi mano sobre ti, suspiras y te quedas quieto.
Acabas de sonreir, al tocarte con mis pies fríos, como confirmando que sigo aquí.
A veces me pongo muy seria y te miro fijamente. Sabes que callo mas de lo que cuento, y lo respetas.
Desde que me instalé tratas de que todo sea sencillo para mi.
Te has retirado a un rincón y me dejas explorar el terreno a mis anchas. Supervisas de lejos sin interferir.
No puedo dormir cuando me asaltan las dudas. Al mismo tiempo estoy segura de que podría pasar horas mirándote.
Tenía tantas ganas de estar así, contigo, y todavía no comprendo que funcione.
Sabemos que no hay solución en esta ecuación, pero funciona.
Te remueves otra vez, suspiras y siento tus ojos clavarse en mi a través de la oscuridad.
- ¿Te has despertado?, ¿tienes frío?. Ven.
Sin movimientos bruscos me rodeas y mi cuerpo se desplaza hacia ti. Pones tu pecho como almohada y me abrazas, sin apenas hacer fuerza.
Tu respiración me acuna mientras sigo oyendo la lluvia fuera.
Llueve.
Creo que sueño con lluvia.
Pic by Kurt Halsey
Llueve fuera y veo caer las gotas. La rama del árbol golpea un poco la ventana, pero no es ese sonido el que me impide conciliar el sueño.
Cuando me mudé supe que no iba a ser fácil. Tu respiración es pausada, aunque a ratos te mueves ocupando mi espacio.
Si pongo mi mano sobre ti, suspiras y te quedas quieto.
Acabas de sonreir, al tocarte con mis pies fríos, como confirmando que sigo aquí.
A veces me pongo muy seria y te miro fijamente. Sabes que callo mas de lo que cuento, y lo respetas.
Desde que me instalé tratas de que todo sea sencillo para mi.
Te has retirado a un rincón y me dejas explorar el terreno a mis anchas. Supervisas de lejos sin interferir.
No puedo dormir cuando me asaltan las dudas. Al mismo tiempo estoy segura de que podría pasar horas mirándote.
Tenía tantas ganas de estar así, contigo, y todavía no comprendo que funcione.
Sabemos que no hay solución en esta ecuación, pero funciona.
Te remueves otra vez, suspiras y siento tus ojos clavarse en mi a través de la oscuridad.
- ¿Te has despertado?, ¿tienes frío?. Ven.
Sin movimientos bruscos me rodeas y mi cuerpo se desplaza hacia ti. Pones tu pecho como almohada y me abrazas, sin apenas hacer fuerza.Tu respiración me acuna mientras sigo oyendo la lluvia fuera.
Llueve.
Creo que sueño con lluvia.
Pic by Kurt Halsey
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