Las gotas de lluvia resbalaban por tu pelo.
Yo simplemente te miraba por la ventana, estabas ahí parado, como esperando algo, como sabiendo que te miraba.
Siempre hacías las cosas así.
Daba lo mismo cual hubiese sido el motivo esta vez, mi cabezonería, tu continua manía de creerte en posesión de la verdad absoluta.
Todo daba igual.
Ahora estabas ahi, bajo la lluvia, mirándome fijamente y acertando con el lugar en el que me escondía tras las cortinas para mirarte.
Otras veces la escena no hubiese durado demasiado.
Hiciese frío o calor, acababa por bajar al portal, en zapatillas y a veces hasta en pijama y abrir la puerta.
No mediabas palabra, tu mera presencia era toda la disculpa que me ofrecías.
Me abrazabas como si al estar cerca de perderme, casi se hubiese acabado el mundo.
Y el ciclo volvía a empezar.
Hoy llevas cerca de media hora bajo la lluvia, la misma media hora que llevo yo llorando.
Tengo las uñas marcadas en las palmas y los nudillos blancos de hacer fuerza, luchando contra mi misma para no bajar esta vez.
Esta vez he dejado de creerte.
lunes, noviembre 27, 2006
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1 comentario:
No te marques las palmas... a veces no merece la pena resistirse tanto.
PD:Feliz cumpleaños con algo de retraso.
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