viernes, diciembre 17, 2004

Los obstáculos





Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad.Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.Temo... dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino.Me detengo. Imposible saltarlo

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos... Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...

Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?


Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú



'Cuentos para pensar' - Jorge Bucay


El texto de hoy no podía ser mas adecuado.
Ultimamente no me he sentido demasiado bien, exceso de cansancio (si alguien encuentra las horas de sueño que me faltan que me las envie contrarreembolso, gracias) pero parecía que, pese a ir todo mas o menos bien, se estaban torciendo los días, sin tiempo para mi ni para aquellos que quiero.
Y de pronto salió el sol, vi los obstáculos y los fui venciendo poco a poco, he encontrado un ratito para dormir (no os digo cuando, que sois capaces de llamarme), he encontrado en la facultad manos q me sostienen en silencio (gracias Ana, Amparo, Alvaro, Miguel y Carlos :$), gente 100% auditiva que con una sonrisa cambia la tónica del día. He aprendido que aun me queda mucho por aprender y más si hablamos de Rock y está Miguel cerca , comparto gustos cinéfilos con Alvaro, conozco a un hombre de belleza élfica (jajajaja)...
Nahuel aterrizó ayer en España (Feliz cumple Péndex!! tq), los balseros mandaron sms, programamos viaje a Madrid, Javi aguanta mis lloriqueos delante de pelis y me reconoce que me nota madurar Phil y Fran se van el finde pero se q me llevan un poquito con ellos, las nenas me esperan para celebrar cumpleaños...
Y si no es el camino correcto, volveré al principio y tomaré uno nuevo, pero siempre hacia delante y sonriendo, que el invierno va a ser largo.

(el texto está sacado del blog de mi queridisisimo Javitu H, pincha aquí para visitarlo)

2 comentarios:

Javier Lopez dijo...

maldito invierno, habrá que sortearlo tambien...

Anónimo dijo...

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!...» Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

-Antonio Machado-

Pues a mi me gusta el invierno.

Y ahora a currar Ó.Ò ...