sábado, marzo 19, 2005

Arde la noche (Historias de barra IV)




Cenicienta pierde su zapato de cristal con las campanadas mientras bajan las luces del local, suben los decibelios de canciones demasiado escuchadas y el alcohol comienza a embotar los sentidos.
Se ponen las primeras copas y comienza la pantomima de cada fin de semana.
Aumenta la afluencia de gente con ganas de perder a su yo intimo, con ganas de representar el papel que nunca les dieron en el cuento del colegio.
Princesas por una noche subidas a tacones imposibles, escotes de vertigo, principes que sólo hoy utilizan perfume...
Se disfrazan las ovejas de lobos y los lobos se tornan buitres.
Se me cansa la sonrisa falsa de aflorar, se cuartea mi maquillaje, enfundada en el uniforme de camarera, se me hunde el animo en las conversaciones que llegan disgregadas.
Las rosas pierden su belleza en ramos mal formados, caros, sin intimidad.
Se me atragantan los chupitos en brindis repetidos, se me repiten los momentos tan odiados.
Arde la noche, comienza la función.
Con el paso de las horas termina el show por el que cualquier artista que se precie pediría una fortuna, se encienden las luces y desaparece el glamour.
Hemos sobrevivido a una noche mas pese a no intentarlo.

1 comentario:

NaHuEl dijo...

Casi casi como suele sucederme en algunos casos en la vida misma.
La sonrisa se cansa de mentir,
las lágrimas no quieren jugar mas a la escondida,
el corazón se aburre en su costumbre de latir,
las piernas se hartan de mantenerme en pie,
sólo porque si.

La vida misma, dirían por ahi.

A veces dan ganas de tomarse un descancito de la vida, no me acuerdo con quien hablaba de eso el otro dia, una especie de "algo asi como invernar la vida".

Cuidate mucho y descansá, tanto laburo hace mal :$

Besotes