lunes, enero 16, 2006

De encuestas y juegos infantiles




Salgo del ascensor, cargada como si en lugar de marcharme a la biblioteca, me estuviese mudando allí para la próxima eternidad.
Salgo y casi me doy de bruces con él. Tapones rosas en los oidos (el color es lo mas importante), apuntes y lápiz en la mano y me mira, pone cara de creer conocerme, la cambia por la ceja levantada, signo inequívoco de los genes que comparte y sigue andando haciendo caso omiso al 'hola' que, por supuesto, no ha escuchado.
Acompañada ya por To, nos acercamos a comunicar que nos ausentamos. Sonrie y recuerda conocerme, debe sonarle la compañía que últimamente suele ser mas que habitual.
El siguiente encuentro es ya con la decisión de comer, pasan de las 2 y mi estomago opina por su cuenta.
Coge mi ipod y lo mira con curiosidad, '¿que es?' pregunta, 'un iPod', respondo yo, con la certeza de que eso es más que suficiente, 'Ahh' dice, ¿'que es?' repite, 'un reproductor de mp3 del tamaño de una tarjeta de crédito', añado con la habitual pedanteria que a veces demuestro. '¿Tiene tarjeta de crédito?' No me lo puedo creer, y se debe notar en mi cara.


Apenas en un susurro Raúl me plantea su opinion del asunto: “El cacharro ese parece que lo hayan hecho los de Evax en vez de los de Hewlett Packard” Ya se sabe, el iPod lo hace Hewlett Packard y el seiscientos Renault.
El estómago de Sol ha planteado un referendum y todos hemos coincidido en bajar a comer.
En circunstancias normales la historia continuaría ya instalados en la cafeteria, ahora bien, corren tiempos modernos y en la puerta de la biblioteca nos han instalado un tío vivo.
Por lo general no da mayores problemas, esperas concentrado mientras cuentas hasta tres en voz bajita y llegado el momento te lanzas dentro intentando que no te escachufle. Con un poco de práctica se puede pasar incluso de dos en dos.
Tal era el caso cuando mi querido amigo ha decidido que el también cabía, colapsando el invento al meterse precipitadamente, hemos acabado parados en la noria horizontal apretujados y partiéndonos de risa como podíamos porque los movimientos eran un tanto limitados.
Finalmente hemos alcanzado nuestro objetivo y Robbie ha marcado rápidamente el territorio sacando un plátano de su mochila. Su frase una vez interrogado ha sido: “Conozco al dueño”.
Ok Fontaine, sin miedo.


Ya estamos los 3, o los 4 si contamos al plátano, que parece tener casi mas derecho a estar allí que que algunos de nosotros. Aclarar que estamos en la cafetería de enfrente de la biblioteca, en un intento vago por hacerle boicot al estado por prohibirnos fumar hasta en la cafeteria de la facultad, ea, se quedan sin los 50cts. de nuestros cafés y de paso comemos bocatas con pan del día, y no del año anterior.
Procedo a contar mi odisea de la mañana, o lo que es lo mismo, el terrorrismo culinario acontecido en mi cocina, explosión de olla a presión, carrera con record mundial en los 40m lisos pasillo de mi madre y de paso un poco de pesca de fondo y altura, fregona en mano, yo contra la sopa que hay por todas partes.
Procedo o mejor dicho intento, porque me interrumpe una amable señora a la que de primeras no le he entendido un carajo y que ya se está sentando en nuestra mesa a mi lado.


El otro día vimos algo parecido, era otra señora pero el tema de fondo, como digo, el mismo. Una encuesta sobre el tabaco, rápidamente me ofrezco voluntario dispuesto a reventar unos cuantos tópicos y a reivindicar un par de cuestiones que no vienen al caso. Pero la señora, que tiene ojo para estas cosas, elige a Fontaine.
Lo que ha pasado a partir de ahí es complicado de explicar fuera del camarote de los hermanos Marx. Raúl ha descrito el sabor del Marlboro light con una precision enologica, ha sucumbido ante los dorados reflejos de la cajetilla y ha descubierto cada uno de los trucos de verificación de la encuesta.
Personalmente he disfrutado sobremanera cuando la señora en cuestión le ha pedido a Raúl que , a modo de juego, se imaginara que la cajetilla de Marlboro era una persona.
Raúl ha ido contestando diversas cuestiones, pero a la tercera pregunta a confesado compungido (que no confungido*) que se sentía incapaz de personalizar la cajetilla. La señora le ha explicado cariñosamente que se trataba sólo de un juego.
“Ok” y han continuado, pero Raúl no ha podido fingir y de nuevo ha confesado su incapacidad, no sin antes afirmar que si le daba media hora sería capaz de confraternizar con el paquete y entonces sí contestar a las preguntas. Grande Fontaine, muy grande.


Una vez superada la encuesta y con la encantadora dama satisfecha, le regala a Raúl una linterna verde, pequeña y con pinza para estudiar a oscuras, como él mismo constata. Para que funcione hay que quitarle el plastiquito a las pilas, con el consecuente desparrame de las mismas por el bar, a manos del susodicho genio.
'Me voy un momento a casa de mis hermanos' dice, '¿te llevo?' me ofrezco solícita, '¿a dónde?' responde. (Juro que pongo de mi parte para entenderme con él, de verdad!!!!)
To sale en mi ayuda explicando que me refiero a llevarlo en la moto, pero él declina educadamente afirmando que va en metro y pasa a explicarme dónde va, para mi desesperación, que estuve cenando allí el sábado.
Concretamos una cena en ese mismo lugar (casa de los hermanos de Raúl) para el miercoles después de estudiar, con palomitas y 'la guía del autoestopista galáctico' como peli temática.
Se despide y se lleva la piel del plátano, y para tranquilizarme por nuestra incapacidad para entendernos añade que por eso está soltero, a modo de disculpa.
Sus razonamientos me pueden, pero ya le he cogido cariño.


Hay más, por supuesto, cuesta ya recordar el orden de los acontecimientos. El caso es que se mosquea con Sol y para hacer las paces se pone a hacer una pirula rara con las manos, en plan saludo del príncipe de Bell-air (no se escribe así ni de coña, pero vaya usted a saber).
A lo que iba, Sol y yo nos quedamos “pillaos” y él dice que si, que eso lo hacía cuando niño para pacificar, “que no Raúl que ni idea” así que ni corto ni perezoso le pregunta a la chica que tenía al lado en la biblio su edad, más que nada para situarla, y acto seguido le enseña la pirula de los dedos y de cortar.
Este hombre es un genio, reinventa el día a día de una forma exclusiva que arranca a todos una sonrisa de rodaja de sandía, empezando por el mismo. Por supuesto al irse se despide educadamente de su nueva amiga.


De paso añadir, que si me había mosqueado es porque vuelve de comer 3h después emocionado porque ha visto una película chulísima, '¿cual?' pregunto entre susurros, ya que estamos todos sentados en la biblioteca de nuevo 'noseque de un autoestopista espacial' 'Yo a este tio lo mato' pienso, y le explico que esa era la peli del miercoles, 'bueno, podemos verla otra vez, tiene un rollo filosófico que no he pillado, estaba tirado en el sofá con el gato'.
Llegados a este punto he dudado entre tirarle el libro de bases de datos a la cabeza o darle un abrazo enorme, me hubiese quedado con la última, porque se lo gana, al menos a mi se me ha ganado en 5h escasas. Gracias Raúl por haber llegado a mi vida, ¿Quién dice que estudiar en la biblioteca no es divertido?


Este texto está escrito en colaboración con To, amigo, poeta favorito y residente permanente de 'Amanece y me he equivocado de dia'. Desde las horas invertidas en la biblioteca con él y con Raúl, absoluto protagonista y nuevo descubrimiento, un encanto de persona que hace que el día a día se único (si no lo digo reviento, además es clavadísimo a Robbie Williams!!!)
Besos a ambos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nos ha quedado bonito ¿no?

Omar dijo...

:_D

Ciertamente hay gente que vale la pena conocer solo por la capacidad de arrancarte una carcajada a golpe de surrealismo.

No se que seria de este mundo tan loco sin esos pocos cuerdos por ahi alegrandonos... ;)