Miré a mi alrededor y ya estaban todos los muertos enterrados.
Quedaban restos de hogueras apagándose poco a poco y ninguno de los cadáveres que habiamos dejado a nuestro paso.
Cerré la puerta, el rencor se quedó dentro.
Sólo nos restaba sobrevivir.
jueves, abril 24, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
y que el viento arratre las cenizas, que son las más cosotosas en desaparecer.
Bonito blog
Publicar un comentario